El fumar, además de provocar una piel opaca y con manchas, disminuye la capacidad de estiramiento y recuperación de ese órgano.
El tabaco hace que disminuya la circulación sanguínea en todos los tejidos, de ahí que la elasticidad de la piel se vea afectada.
Este hábito también daña las funciones que revierten los efectos secundarios causados por la exposición solar, dejando el paso libre a la aparición de manchas.











































